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José
Antonio Aparicio Florido
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Diciembre, 2001
*** Todas las imágenes en blanco y negro que se muestran en esta página fueron realizadas por el fotógrafo de prensa italiano Dino Fracchia al año siguiente de producirse el accidente de Seveso. Otros de sus magníficos trabajos pueden verse en la página web del autor www.dinofracchia.it ***
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Historia
Los municipios de Seveso y Meda, en Italia, ocupan una superficie de 16 km2. Su perfil es llano y propicio para la agricultura y las explotaciones agropecuarias, por lo que desde principios del s. XX fueron testigos de frecuentes movimientos inmigratorios procedentes del sur y del este del país, que la ocuparon y la transformaron. Su población llegó a incrementarse hasta en un 39%, hasta alcanzar los 41.000 habitantes. Al igual que otros municipios como Cesano Maderno o Desio, se hallan situados en la región de Lombardía, al norte de Milán.
En 1963,
Hoffmann-La Roche había
adquirido la firma genovesa de fragancias y sabores Givaudan S.A. La continuación
de su estrategia comercial en Italia, lleva a Roche, a través de su nueva
filial Givaudan, a la compra de todas las acciones de Icmesa (Industria
Química Meda S.A.), situada en Meda a unos 15 kms. de Milán y limítrofe
con Seveso. Esta adquisición se efectúa entre los años 1965
y 1969, fecha en que se convierte en el único propietario de esta fábrica.
Es entonces, a partir de 1969, cuando Icmesa comienza a producir de manera creciente
triclorofenol (TCP) de alto grado para la elaboración en Givaudan
de hexaclorofeno, un desinfectante empleado en la fabricación de jabones
medicinales.
En 1976, siete años después de que Icmesa hubiera comenzado a formar parte del grupo Roche, se produce aquí uno de los mayores accidentes industriales de la historia.
El viernes 9 de julio de 1976 se procede, como es habitual, a la elaboración de TCP en la fábrica Icmesa. El tanque de reacción de TCP se llena con diversos materiales iniciadores y da comienzo un proceso que finaliza de madrugada, cuando uno de los técnicos da la orden de interrumpir una destilación que no está completada. La última temperatura medida es de 158 ºC, una situación normal ya que la temperatura de trabajo del triclorofenol está entre 150 y 160 ºC. Finalizado el turno de noche, todos los operarios abandonan la fábrica, quedando en el interior de las instalaciones sólo el personal de mantenimiento y limpieza.
Sobre las doce y media de la mañana del sábado día 10, la brida de una válvula de seguridad del tanque de TCP estalla como resultado de una sobrepresión, causada por una reacción exotérmica (paso de estado líquido a gaseoso con desprendimiento de calor) accidental. Por la válvula se escapa una mezcla química en forma de aerosol que contiene, entre otras sustancias tóxicas, triclorofenato de sodio, sosa cáustica y disolvente.
La nube tóxica que se origina es impulsada por el viento en dirección sureste a una velocidad de 18 km/h. Esta nube cargada con la peligrosa dioxina TCDD se abate principalmente sobre los términos municipales de Seveso, Meda, Cesano Maderno y Desio, afectando en diferente medida a un total de 1.810 hectáreas de terreno.
Los directivos de Roche han afirmado hasta el día de hoy que el efecto que produjo la catástrofe de Seveso, esto es, el recalentamiento en el interior del tanque de triclorofenol, era imprevisible por aquél entonces, cuando apenas se conocían la reacciones accidentales de este producto intermedio. Esta excusa constituyó la base de su defensa ante las autoridades civiles y los tribunales de justicia italianos. Sin embargo, otros especialistas argumentan que sí existía una literatura científica entre 1971 y 1974, en la que se incluirían las descripciones de otros accidentes con triclorofenol, siendo el más importante el de Missouri, en Estados Unidos, a principios de los setenta. También se conocían las condiciones bajo las que podría producirse una reacción exotérmica descontrolada hasta alcanzar rápidamente los 410 ºC. Sin embargo, atendiendo a las explicaciones de los directores técnicos de Givaudan e Icmesa, la comisión que se encargó de investigar las causas del accidente concluyó que era imposible haber previsto este hecho.
Pero aun en el caso de que lo expuesto por los técnicos de Icmesa fuera cierto, las escasas medidas de seguridad de la planta tampoco estaban preparadas para prevenir el accidente:
Una de las personas que se encontraba en las instalaciones de la fábrica en el momento de producirse la catástrofe fue el primero en detectar la fuga. Minutos después contacta con uno de los técnicos, el Dr. Clemente Barni, que se apresura a llegar a la planta. Tras algo más de una hora se consigue cerrar la fuga, encendiendo el sistema de refrigeración; pero nada impide que unos 3.000 kgs. de sustancias químicas contaminantes escapen al aire. Seguro de ello, el Dr. Barni inspecciona las áreas próximas a las instalaciones industriales, advirtiendo a cuantos habitantes encontraba que no consumieran o incluso tocaran frutas ni vegetales de la zona, a pesar de no encontrar indicio alguno de contaminación.
De inmediato se alerta del suceso a la policía italiana, pero el hecho de haberse producido durante el fin de semana dificultó el contacto con las autoridades locales de forma inmediata con objeto de alertar a la población y emprender actuaciones de emergencia. Hasta el domingo día 11 por la mañana el Dr. Paolo Paoletti, Director de Producción de Icmesa, no logra contactar con Herwig von Zwehl, Director Técnico de la misma empresa. Entre ambos establecen un protocolo inicial consistente en concertar entrevistas con el director local de salud de Seveso y Meda y los alcaldes de ambas poblaciones, y recoger muestras del tanque y del área circundante para enviarlos a analizar en los laboratorios que Roche tenía en Suiza.
Los
resultados del análisis de las muestras recogidas por Barni y Paoletti
se dan a conocer el 14 de julio, un tiempo relativamente corto.
El
laboratorio suizo informa que las muestran contienen trazas de la dioxina TCDD,
una de las más tóxicas de la familia, aunque sin poderse determinar
la cantidad fugada. Esta duda ha permanecido hasta el día de hoy y varía
según los expertos entre los 300 grs. y los 130 kgs. Según el Dr.
Paolo Mocarelli, médico del hospital de Desio y oficialmente encargado
del laboratorio que analizaba los problemas sanitarios de los afectados, determinó
que la cantidad total pudo estar entre los 100 grs. y los 20 kgs. Para hacernos
idea de la gravedad del accidente digamos que una dosis de 6 millonésimas
de gramo de esta dioxina mata a una rata de laboratorio.
Con estos datos, las autoridades locales publican al día siguiente decretos (Seveso Nº 43/76 y Meda Nº 2/76) en los que se citan las áreas contaminadas y prohibiendo el consumo de frutas y hortalizas procedentes de estas áreas, pero se descartan las medidas de evacuación de la población, desoyendo los consejos de los técnicos. Este mismo día 15 empiezan a aparecer los primeros síntomas de inflamación cutánea aguda entre los miembros de los hogaress más próximos; entre 12 y 16 niños tienen que ser hospitalizados.
Los
días van transcurriendo y aún no se ha tomado ninguna medida
de control de la contaminación ni de protección para la población
salvo la prohibición del consumo de frutas y vegetales locales. Entre los
días 17 y 20 de este mes, es decir, una semana después del escape
tóxico, se consigue reunir la documentación sobre la toxicidad del
TCDD, los métodos para la detección de la dioxina y el mapa detallado
del área contaminada.
Además
se mantienen contactos entre Roche y otras empresas que han sufrido accidentes
con TCP en el pasado para solicitar información sobre la dioxina y sus
posibles efectos: Coalite (Gran Bretaña), BASF (Alemania Occidental), Philips-Duphar
(Holanda), Chemie Linz (Austria) y Dow Chemicals (Estados Unidos). Toda esta información
junto con la recomendación de evacuar a la población se le hace
llegar a las autoridades sanitarias, que descartan asumir otro tipo de medidas
que las ya emprendidas, entre ellas el cierre oficial de la fábrica, el
sellado del Edificio B, lugar donde se originó el escape de Icmesa,
el consumo de productos hortofrutícolas y el arresto de los directores
técnicos y de producción de la empresa, Herwig von Zwehl y Paolo
Paoletti respectivamente, para evitar su fuga del país. No es hasta dos
semanas después de la catástrofe cuando el gobierno italiano ordena
finalmente la evacuación de la población en toda la zona
afectada, que es realojada en hoteles. El 25 de julio comienza este éxodo
entre las más estrictas medidas de control con el fin de evitar una mayor
dispersión de la dioxina; para entonces ya han muerto envenenados 3.300
animales pequeños.
Se elabora una zonificación del área contaminada, dividiéndola en tres partes: la zona A es la más contaminada con unos 50 µg/m2 (microgramos por metro cuadrado), la zona B es la segunda más afectada con 5 a 50 µg/m2, y la zona R, donde se hallan menos de 5 µg/m2. En la zona A, 736 personas resultaron gravemente afectadas, en la zona B resultaron afectados en menor grado 4.613 habitantes y en la zona R, 30.774.
Las medidas sanitarias entran en funcionamiento a principios de agosto. Toda la población afectada, empezando por los evacuados, son sometidos a análisis clínicos y tratamientos específicos que continuarían durante los siguientes 15 ó 20 años.
A partir de aquí se crea la Comisión Cimmino con el objetivo de devolver a la zona afectada a su estado primitivo empleando complicadas y costosas medidas de descontaminación.
Efectos sobre el
medio ambiente

La nube tóxica de Seveso se esparció por 1.810 hectáreas de un espacio casi deshabitado. El viento reinante favoreció su dispersión, evitando con ello que la dioxina alcanzara mayor índice de concentración en un espacio más reducido si no hubiera soplado viento alguno.
Aunque
en las horas inmediatas al accidente no se apreciaron signos visuales de contaminación,
tres días más tarde, el 13 de julio, se observa que algunos animales
pequeños (conejos, pájaros y aves de corral) han muerto. A finales
de julio han perecido ya 3.300 pequeños animales silvestres y de granja,
envenenados por el agente tóxico. Para evitar la propagación del
contaminante en la cadena trófica y alimentaria se decreta una cacería
de emergencia en el entorno rural y el sacrificio de los animales domésticos.
Hasta 1978, la cifra de animales sacrificados ascendió a unos 77.000 u
80.000 animales.
Seveso,
Desio, Cesano Maderno y Meda fueron los cuatro municipios más perjudicados
por el escape; otros municipios próximos como Bovisio o Barlassina apenas
sintieron el impacto. Los análisis del suelo efectuados en estas zonas
detectaron entre 0,9 µg/m2
en las zonas menos contaminadas hasta los 580,4 µg/m2
en el área más rociada por la nube, pasando por los 270 µg/m2
hallados en determinados sectores de la zona B, donde vivía el 67% de la
población total evacuada.
Durante
el año siguiente a la catástrofe se llegan a efectuar unos 7.000
análisis del suelo, con el objetivo de comprobar la evolución del
proceso de eliminación mecánica de la dioxina. Este proceso de descontaminación
consistió en descarnar con palas excavadoras entre 25 y 40 cms. de superficie
del terreno según la penetración máxima del TCDD en cada
zona. En la zona A se llegó a excavar hasta los 40 cms de profundidad y
los materiales se fueron almacenando en dos depósitos subterráneos
especialmente diseñados y construidos en la zona A con capacidad para 85.000
y 160.000 m3, es decir, un total de 225.000 m3. Este método
logró eliminar hasta el 90% de la dioxina liberada por Icmesa.
Los edificios enclavados en las 110 hectáreas correspondientes a la zona A, la más gravemente dañada, tienen que ser demolidos y sus escombros son arrojados a los depósitos construidos para tal fin. Fuera de esta zona, 112 casas con sus correspondientes huertos y alrededores son descontaminados empleando sofisticados equipos de succión de polvo y agua para los recintos interiores y soluciones jabonosas especiales para el exterior. La vegetación es arrancada y el agua contaminada se almacena en contenedores.
Todos estos trabajos culminan cuatro años después de aquel 10 de julio de 1976. En 1984 toda la zona A presentaba el aspecto de un desierto, sin construcciones, sin vida animal, sin vegetación y con toda la superficie removida. Por ello, dentro de las medidas de regeneración del territorio, se determinó la creación de un fabuloso parque donde la contaminación había tenido mayor impacto, llamado Bosco delle Querce. Bajó él se hallan enterrados los depósitos que contienen los 225.000 m3 de restos de suelo contaminado por la dioxina, incluyendo los escombros de la fábrica y de otras edificaciones, más los cadáveres de los 77.000 animales sacrificados. Los animales silvestres también han vuelto a estas tierras.
Los primeros efectos perjudiciales para la vida humana causados por el accidente químico de Seveso aparecieron el día 14 de julio, cuatro días después de producirse. Entre 12 y 16 niños tienen que ser hospitalizados, aquejados de inflamaciones cutáneas agudas. Estos fueron las primeras víctimas de las casi 37.000 personas que resultaron directamente expuestas a la dioxina. No obstante, como medida preventiva, un total de 220.000 personas fueron sometidas a un programa de observación sanitaria sistemática que se prolonga durante 15 años.
La nube tóxica de Seveso causó 447 casos de quemaduras químicas agudas y 193 casos de cloracné, que cicatrizaron con el paso del tiempo. Casi 30.000 muestras de sangre fueron guardadas en un frigorífico por el Dr. Paolo Mocarelli, director de laboratorio del hospital de Desio, tomadas desde los primeros momentos de la catástrofe. Esta actuación resultó muy valiosa para el mundo científico, ya que en las fechas del accidente apenas se contaba con información acerca de los daños a la salud del TCDD ni con los conocimientos técnicos para analizar las concentraciones de dioxina.
Las secuelas tardías de la exposición al agente tóxico fueron aún peores que los efectos inmediatos en la piel. Las víctimas de Seveso han padecido alteraciones y desórdenes en los sistemas inmunológico, nervioso y cardiovascular. La propia sensación de angustia, ansiedad y estrés provocó un ligero aumento de las enfermedades coronarias y de la muerte por fallo cardíaco en los 15 y 20 años siguientes a la catástrofe.
Otra de las secuelas tardías son las de tipo ginecológico. Ante la posibilidad de que las mujeres en estado de gestación pudieran alumbrar hijos con malformaciones congénitas, el gobierno italiano permitió el aborto voluntario de las mujeres embarazadas en el momento de la catástrofe. Siete años después se observa que la proporción de nacimientos masculinos y femeninos (28 frente a 46 respectivamente) está alterada entre los nacidos de padres expuestos a la sustancia química; lo normal sería que la proporción fuera pareja en esa área de población. Es la primera vez, en un accidente con TCDD que se verifica una feminización del sexo de los neonatos. Sin embargo, también queda comprobado que esta alteración no se produce en la cadena de ADN sino en el proceso de desarrollo del embrión, ya que sólo tiene lugar cuando es la madre la expuesta y no cuando lo es sólo el padre.
Las dioxinas tienen también propiedades carcinogénicas. Datos epidemiológicos han demostrado que algunos tipos de cáncer se han incrementado en un 40% entre los individuos expuestos a dosis elevadas. En el caso de Seveso, se ha observado un ligero incremento de tumores raros y de linfomas, y, por el contrario, una disminución de los tipos de tumores más comunes. Esto sugiere la existencia de un vínculo directo entre la dioxina y el cáncer.
Por último cabe destacar también que el escape tóxico de Icmesa causó trastornos en el sistema inmunológico, cuyo efecto también se asocia a las dioxinas. Los afectados son más propensos a contraer enfermedades debido al bajo nivel o debilidad de sus defensas.
Las dioxinas son sustancias químicas cloradas, es decir, aquéllas donde el cloro (Cl) forma parte de su composición molecular, y que son altamente tóxicas para los animales, el ser humano, la atmósfera y el suelo. Además de este carácter nocivo para la vida, su presencia activa puede prolongarse en el tiempo durante años e incluso décadas, lo que obliga a realizar un seguimiento permanente sobre sus efectos.
Todos los procesos industriales que emplean cloro o productos clorados, o en procesos de combustión donde el cloro se halla presente, son susceptibles de generar dioxinas que luego son liberadas al medio ambiente a veces de manera invisible. El único caso en que se han fabricado de forma deliberada ha sido para la fabricación de armamento destinado a la guerra bacteriológica o química, uno de cuyos exponentes más conocidos es el Agente Naranja o Gas Naranja (Orange Agent), empleado en la Guerra de Vietnam. Fuentes de liberación de dioxina son, además de la producción de cloro, la fabricación de PVC, plaguicidas y herbicidas, disolventes, el blanqueo con cloro de pasta de papel, la incineración de residuos sólidos urbanos (RSU), la combustión en vertederos, la incineración de residuos en cementeras y las de residuos industriales y hospitalarios, y el reciclaje y fundición de aluminio, acero y automóviles. No obstante, las dioxinas, a pesar de ser principalmente subproductos de procesos industriales, también pueden resultar de procesos naturales como las erupciones volcánicas y los incendios forestales, pero siempre está presente en ellos el cloro.
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Procesos industriales |
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Incineración |
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Procesos naturales |
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Cuadros con fuentes potencialmente generadoras de dioxinas
Entre todas las variantes de dioxinas, el TCDD (TretraCloro-Dibenceno-para-Dioxina), compuesto por 2, 3, 7 u 8 átomos de cloro, es la forma más tóxica de todas. La exposición humana a esta sustancia se la ha relacionado siempre con los casos de cáncer y tumores, pero estudios realizados en la última década del siglo XX también hablan de alteraciones en el desarrollo y en los sistemas reproductor, inmunológico y hormonal. En este sentido, altos niveles de dioxina pueden generar los siguientes efectos para la salud:
Cáncer(1) No se producen por alteración del ADN sino en el proceso de formación del embrión.
Debido a su gran estabilidad química, las dioxinas son difíciles de eliminar, no se degradan y se acumulan en los tejidos grasos, ya que se trata de una sustancia liposoluble. El mejor método aplicado hasta el momento para su destrucción es la incineración a altas temperaturas, por encima de los 850 ºC y preferiblemente superiores a los 1.000 ºC en los casos de alto nivel de contaminación. De hecho, los 41 barriles de residuos contaminados procedentes de la planta de Seveso fueron incinerados en unas instalaciones especiales de Ciba-Geigy a una temperatura media de 1.140 ºC en la cámara de combustión, correspondiendo a 1.530 ºC en el horno giratorio.
La nube tóxica cargada de la dioxina TCDD fugada de la planta italiana Icmesa, propiedad de Hoffmann-La Roche, provocó entre la población cercana 447 casos de quemaduras químicas y otros 193 casos de cloracné.
El cloracné o acné clórica es un trastorno cutáneo caracterizado por la presencia de "comedones" (o bultos de materia grasa conocidos comúnmente como espinillas), pústulas y pequeños quistes de color cuero o pajizo de entre 1 mm. y 1 cm. de diámetro, asociados a esos comedones. Estas lesiones afectan predominantemente a los brazos, cara y cuello de las personas expuestas a compuestos clorados y herbicidas; se concentran sobre todo en las mejillas, hombros, detrás de las orejas y en las ingles. Cuando la exposición al agente causante de estas erupciones negruzcas cesa, la piel va recuperándose lentamente, pudiendo quedar alguna cicatriz del padecimiento en los casos más graves, aunque no necesariamente.
Además de estas afecciones cutáneas, el cloracné puede producir otra serie de efectos secundarios como son:
El cloracné es el único efecto humano asociado a la exposición a la dioxina; su aparición es considerada como un signo clínico de exposición y una evidencia que confirma la presencia del contaminante en la atmósfera. Dada su persistencia y su resistencia a los habituales tratamientos del acné común, las lesiones tardan años en desaparecer por completo, alcanzando incluso los 25 ó 30 años. Algunos afectados por cloracné de Seveso se recuperaron por completo después de haber sido tratados clínicamente durante 20 años.
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Givaudan,
como responsable subsidiario del accidente químico de Icmesa, logró
evitar los tribunales pactando con las localidades afectadas el pago de indemnizaciones
por los daños provocados. De esta manera Seveso recibió unos 15
millones de francos suizos (7,5 billones de liras), Meda, 2 millones de francos
suizos (1,3 billones de liras), Desio, 2,8 millones de francos suizos (1,45 billones
de liras), y Cesano Maderno, 5,4 millones de francos suizos (2,85 billones de
liras). La Región de Lombardía y la República Italiana recibieron
también 81 y 15 millones de francos suizos respectivamente en compensación
por los costes causados a ambos organismos, que desde el principio de la catástrofe
tuvieron que liberar grandes partidas presupuestarias para hacer frente a las
primeras actuaciones de emergencia y de atención a los afectados.
En lo referente a las reclamaciones particulares, 7.000 de ellas se solventaron fuera de los tribunales, ascendiendo a un importe total de 70 millones de francos suizos, que se pagaron directamente a los damnificados.
Independientemente de estos desembolsos, Hoffmann-La Roche afrontó otra serie de gastos generados por las investigaciones y estudios sanitarios, eliminación de los residuos contaminados, trabajos de descontaminación, realojamiento de los evacuados, etc. Entre indemnizaciones y gastos, los desembolsos de Roche alcanzaron los 300 millones de francos suizos.
Sólo dos empleados de Icmesa fueron condenados a 1,5 y 2 años de prisión condicional como responsables del accidente.
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Jose
Antonio Aparicio Florido 
aparicioflorido@proteccioncivil-andalucia.org