| El rascacielos Windsor, de Madrid, destruido por un monumental incendio. | ![]() |
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Actualización:
16-febrero-2005
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El sábado 12 de febrero de 2005 se declaró un pavoroso incendio en el edificio Windsor, situado en el corazón financiero de Madrid, considerado el octavo rascacielos más alto de la capital de España. Este edificio se terminó de construir en 1979 y consta de 28 plantas, con una altura total de 106 metros.
El fuego se declaró en la planta número 21 a las 23:21 horas, momento en que los vigilantes de seguridad del complejo dieron aviso a los servicios de emergencia. A esa hora el edificio se encontraba vacío, ya que estaba ocupado exclusivamente por oficinas en las que se ubican varias empresas privadas. La planta en la que se declaró el incendio estaba arrendada por la firma auditora "Deloitte".
Durante las 21 horas que se tardaron en extinguir el incendio quedaron calcinadas las 28 plantas del bloque, con especial intensidad las que se hallaban por encima del piso 17, cuya fachada llegó a desplomarse por completo, quedando en pie el núcleo central sobre pilares del edificio. El incendio quedó completamente extinguido a las 20:00 horas del día 13 de febrero.
Los rociadores de agua contraincendios o "sprinklers" no entraron en funcionamiento en ningún momento, lo que apunta a que no existía presión ni flujo de agua en el interior de sus canalizaciones. Por su parte, la forma y rapidez con que se propagó el incendio pone de manifiesto que no existía una compartimentación adecuada, ni aislamiento ignífugo, ni puertas RF de resistencia al fuego, ni sectorización, ni ninguna otra medida estructural similar de protección contra los incendios. Además es previsible que, al tratarse de un edificio destinado a oficinas, existiese una gran carga de fuego constituida por materiales fácilmente combustibles. Por ejemplo, ha sido una costumbre muy extendida construir plantas diáfanas que luego se compartimentan con mamparas de madera prensada o PVC, que no sólo no resisten el calor extremo sino que además contribuyen a alimentar las llamas y a aumentar la temperatura del fuego. Otra práctica habitual es utilizar las zonas de paso, como son los pasillos de evacuación o distribución, para ubicar en ellos los archivos en papel que no caben en otras dependencias, generando un riesgo añadido en caso de incendio. Por último cabe destacar la falta de respeto que a veces pueden merecer la colocación de los extintores o de las bocas de incendio equipadas (BIEs), que con frecuencia se sitúan en zonas de difícil acceso o que quedan anuladas al colocarse en sus inmediaciones objetos o mobiliario que impiden acceder a ellos con comodidad.
En el incendio del edificio Windsor actuaron entre 150 y 200 efectivos de bomberos entre todos los relevos, empleando unos 40 camiones de extinción. Tres bomberos resultaron intoxicados por inhalación de monóxido de carbono y fueron los únicos atendidos por los dos hospitales de campaña instalados por SAMUR-Protección Civil.
Uno de los principales problemas detectados durante la intervención fue la altura máxima de los vehículos autoescala de bomberos, 50 mts, por lo que los otros 56 quedaban lejos del alcance del chorro disparado desde este punto.
Ante la imposibilidad de extinguir el incendio se pasó a una estrategia defensiva, refrescando las fachadas de los edificios colindantes y las calles anexas, y enfriando el aire para reducir la temperatura ambiente. Se calcula que durante la extinción se emplearon entre 5 y 6 millones de litros de agua. En este sentido, los hidrantes estaban en buenas condiciones de caudal y presión de agua.
El teléfono de emergencias 112 recibió en torno a 240 llamadas alertando del suceso.
Entre las causas del incendio se sospecha la posibilidad de un cortocircuito, una negligencia humana o un acto de sabotaje.
Tras declararse el incendio y dada la proximidad de algunas líneas de transporte público se cerró la estación de Nuevos Ministerios, empleada por tres líneas de metro y seis de cercanías.
La propiedad del edificio, la sociedad "Ason", estaba ejecutando medidas de adaptación técnica para amoldarse a la normativa actualizada de protección contraincendios de la Comunidad de Madrid para edificaciones de altura superior a los 100 mts.
La estructura de hormigón armado aguantó bien las altas temperaturas del incendio cerca de 1.000º C sin desplomarse, pero con tales daños en los materiales constructivos que su destino es el derrumbe controlado y su desmontaje planta por planta, ya que se descarta la solución de una voladura técnica: el Windsor está rodeado de varios edificios comerciales y dispone de un garaje subterráneo de 4 plantas, lo que desaconseja su detonación.
El Pool de Grandes Riesgos valoró en 84,2 millones de euros en 2003 el inmueble siniestrado.