Las inundaciones de Rincón de la Victoria del 28 de abril de 2004
 
Actualización: 28-abril-2004

Un régimen de lluvias torrenciales de hasta 225 l/m2 en 12 horas provocaron unas graves inundaciones el pasado día 28 de marzo de 2004 en el municipio malagueño de Rincón de la Victoria, situado a orillas del Mediterráneo. Esta localidad, que ya había sido azotada por las lluvias el 28 de septiembre de 2001, volvió a padecer el desbordamiento de los numerosos arroyos que atraviesan su casco urbano, arroyos que se generan en la vertiente sur de los Montes de Málaga y desaguan en sus playas. Ocho de estos arroyos, debido a su alta probabilidad de desbordamiento bajo determinadas circunstancias meteorológicas, están incluidos en el Plan de Prevención de avenidas e inundaciones en cauces urbanos andaluces (Decreto 189/2002), donde se les asignan distintos niveles de riesgo en función de su frecuencia de aparición y la magnitud de los daños que pueden ocasionar sobre las personas y los bienes. Estos son: arroyo del Pollo, arroyo Totalán, arroyo de los Pinchos, arroyo del Cementerio, arroyo Pajarito, arroyo Granadilla, arroyo de las Cuevas y arroyo Benagalbón. Las extraordinarias precipitaciones recogidas en la cabecera de estos arroyos durante todo el día hicieron que los caudales circulantes no pudieran ser soportados por sus cauces, causando una riada catastrófica en Rincón de la Victoria y su pedanía de La Cala del Moral.

La fuerza que alcanzó la corriente, que arrastró gran cantidad de depósitos sólidos, ramaje, piedras y otros elementos, derribó muros, reventó el alcantarillado, tumbó farolas y resquebrajó calzadas alquitranadas. La inundación obligó a desalojar al menos 50 viviendas, anegando garajes hasta incluso el nivel de la calle. Uno de los barrios más afectados fue el de los pescadores, ubicado entre la antigua N-340, convertida ahora en vía urbana, y el paseo marítimo, que, al estar construido en perpendicular a los arroyos, ejerció de represa, impidiendo una mejor evacuación de las aguas al mar. De hecho hubo que romper con excavadoras esta construcción en varios puntos para facilitar este desagüe.

Causas probables y balance de daños

Entre las causas que podrían haber contribuido a magnificar el desastre se incluyen el aparentemente inapropiado diseño de construcción del paseo marítimo, la escasa limpieza y deficiente drenaje de los cauces, el abovedamiento de los tramos fluviales urbanos y la usurpación urbanística de terrenos de Dominio Público Hidráulico.

En una primera estimación, los daños observados en infraestructuras pueden alcanzar los 18 millones de euros e incluso los 30 millones si se incluyen los bienes privados. Además, el número de damnificados puede llegar a los 1.000, contabilizándose en 700 los vehículos que han resultado dañados, peritados un buen número de ellos como siniestro total. Esto quiere decir que el volumen de pérdidas económicas es equivalente a la que supondría la ejecución de un sistema de trasvase, que se apunta como una de las medidas estructurales que ayudaría a amortiguar en un futuro el efecto de este fenómeno natural.

Un suceso similar en Alcalá del Valle, en 1997

La situación vivida por la población de Rincón de la Victoria es similar a la vivida en el pueblo gaditano de Alcalá del Valle en enero de 1997. La espina dorsal de este municipio, en la que confluyen los arroyos del Lechar y del Sotillo, a través de un canal artificial construido en su día para encauzarlo a su paso por el núcleo urbano, fue arrasado por una riada provocada tras un represamiento natural aguas arriba del cauce. Al reventar el tapón formado de ramas, troncos de grandes dimensiones, piedras y barro en el cruce con la carretera de Almargen, las aguas saltaron por encima del asfalto y cambiaron su rumbo, precipitándose carretera abajo en dirección hacia el centro del pueblo y causando a su paso destrozos en ambos lados de la avenida principal. El agua fue inundando casas y establecimientos, y arrastrando vehículos y mobiliario urbano, así como grandes piedras, troncos e ingentes cantidades de lodo que quedaron depositados a lo largo del casco urbano. Por fortuna y milagrosamente, no se registraron daños personales a pesar de haber coincidido con la salida de los colegios. Curiosamente, este cauce urbano de Alcalá del Valle también está incluido en ese catálogo de puntos de riesgo con la calificación de riesgo máximo.

Conclusión

Las castróficas inundaciones de Rincón de la Victoria no son consecuencia de un fenómeno desastroso sino de una «conducta humana arriesgada» ante fenómenos atmosféricos propiamente naturales. Bien es verdad que a partir de 60-80 litros en 12 horas ó 30 litros en una hora, un régimen de precipitaciones de esta magnitud se considera "adverso", aunque lo más correcto sería decir que son precipitaciones "excepcionales". Esta afirmación está avalada por expertos como J. Olcina Cantos, de la Universidad de Alicante, autor de trabajos tan aplicables al caso como "Tormentas y granizadas en las tierras alicantinas" (1994), donde se describen ampliamente las características climáticas del sureste español y la peligrosidad de las lluvias torrenciales en toda la fachada mediterránea de la Península Ibérica.

Tampoco podemos aceptar del todo la afirmación de que un registro pluviométrico de 250 l/m2 en 12 horas, volumen que se calcula cayó en Rincón de la Victoria, provoca inundaciones en cualquier parte. Puede que sea así, pero el que llueva esa cantidad en una zona absolutamente despoblada no representa ninguna situación de emergencia; el problema es que lo haga en un lugar desamente poblado y altamente vulnerable, donde no se han previsto o no se han aplicado respuestas adecuadas a los riesgos existentes.

Se dan muchos casos como el de Rincón de la Victoria en que, además, el ser humano ha contribuido a empeorar las consecuencias de las inundaciones por medio de la ocupación ilegítima de las zonas de Dominio Público Hidráulico, actuaciones incontroladas e irrespetuosas en los cauces, modificaciones y alteraciones de los cursos de los ríos, deforestación de los entornos de las cuencas, sobre todo en sus cabeceras, remoción de tierras ribereñas, construcción de infraestructuras mal diseñadas o mantenidas que luego actúan como represas, asentamientos humanos en los conos de deyección, ocupación de las llanuras de inundación, etc. La cuestión es que evitar todo esto y asumir las medidas preventivas adecuadas tanto estructurales como no estructurales suponen sobre todo un coste económico que no cunde políticamente a cuatro años vista como puede ser el desarrollo del sector turístico, industrial o urbanístico. Porque el gasto público en prevención no es "visible" para la mayor parte de la sociedad a la que va destinada, aunque sea lo primero que se recrimine cuando se hacen patentes las desgracias.

Uno, varios o muchos de los factores citados anteriormente han precedido sin duda a las graves inundaciones de Rincón de la Victoria. Ahora se habla de ¿inversiones? millonarias para limpiar los cauces de los arroyos que circulan por su territorio para devolverles su sección primigenia y porporcionarles mayor capacidad de evacuación de aguas. Pero sin una recuperación a fondo de la cubierta vegetal de las vertientes subsidiarias de estos arroyos, la erosión y, en consecuencia, el arrastre de sólidos seguirá su progresión y demostrarán que son inservibles estas medidas paliativas propuestas ahora. Porque sin una intervención global y coordinada en todos los frentes no se conseguirá una reducción real de la vulnerabilidad a largo plazo.

Las cifras que se manejan para la reparación de daños causados por las lluvias rondan ya los 30 millones de euros y eso sólo para devolverle a la localidad su aspecto anterior a la emergencia, no para mejorar sus condiciones de seguridad. La probabilidad de reaparición del peligro sigue siendo la misma y la existencia del riesgo, igual. Es decir, que después de un desembolso de 5.000 millones de pesetas de dinero público y privado, la situación quedará como estaba, una muestra más de insostenibilidad frente a los episodios de inundaciones.

Este lamentable y costoso episodio puede repetirse aquí y en toda la costa española desde el Cabo de Creus hasta el Campo de Gibraltar; la próxima prueba, a finales del verano, cuando se da el fenómeno climático conocido como "gota fría". Entonces se volverán a dar condiciones meteorológicas similares a las de ahora y los mismos efectos. Por esta razón hay que prepararse para ese momento y pasar rápidamente de la reflexión a la acción coordinada, multisectorial e interadministriva, con la participación obligada de la ciudadanía.