| Explosión en una refinería española de REPSOL-YPF en Puertollano | ![]() |
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Actualización:
30-abril-2004
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Los
accidentes graves que se registran en la industria petroquímica española
son muy escasos e incomparablemente menos frecuentes que los que tienen lugar
en industrias de otra índole; pero a veces también ocurren. Por
eso y por la peligrosidad de los productos con los que trabajan y los delicados
procesos industriales a los que son sometidos, este tipo de instalaciones están
sometidas a una rigurosa y desarrollada legislación que emana de la directiva
internacional europea conocida como SEVESO
II. Su transposición en la legislación española
ha dado como resultado la elaboración de los Planes de Emergencia de
la Industria Química, en los que se describen dos niveles de seguridad:
Interior y Exterior. La activación del Plan de Emergencia Interior
correponde a los propios responsables de la instalación, mientras que
la activación del Plan de Emergencia Exterior corresponde a las
autoridades gubernativas en caso de que el accidente pueda afectar al exterior
de la fábrica.
La explosión registrada el pasado jueves 14 de agosto de 2003 en la refinería que REPSOL YPF posee en Puertollano (Ciudad Real) es un ejemplo de la excepcionalidad de los accidentes químicos que se producen en España. Para recordar otro similar habría que retrotraerse hasta el 26 de mayo de 1986, cuando explotó el petrolero panameño "Petragen One" durante unas operaciones de descarga de nafta en el pantalán de la refinería de CEPSA, en San Roque. Ahora, 17 años después de aquel suceso, se produce otra explosión en una refinería, esta vez en una unidad de destilación de crudo próxima a un cubeto de siete tanques de almacenamiento de combustible que albergaban en ese momento 8.600 metros cúbicos de gasolinas refinadas.
La deflagración tuvo lugar a las 8'15 horas de la mañana en la Unidad 100 del área de Refinería y Conversión, donde se destila el crudo para extraer de él varios tipos de hidrocarburos ligeros y G.L.P. (gases licuados del petróleo). Nueve operarios murieron en el acto o a consecuencia de las graves quemaduras que sufrieron, otro resultó herido muy grave y varios, heridos de diversa consideración. Los fallecidos y los heridos más graves se encontraban, según las primeras versiones, realizando trabajos eléctricos en la base del cubeto cuando les sobrevino la bola de fuego.
Efectos del accidente
Las circunstancias que generaron el siniestro tardarán un tiempo en ser esclarecidas pero todo apunta a la inexplicable presencia de una posible bolsa de gas en una torre de destilación de crudo o en el techo flotante de uno de los tanques de gasolina en contacto con alguna fuente de calor o eléctrica. El estallido de ese gas hizo que se incendiaran uno tras otro los siete tanques de gasolina que componían el cubeto (la gasolina arde pero no estalla) y que continuaron ardiendo hasta un día después, cuando pudo darse por controlada la emergencia. Las altas temperaturas provocadas por el accidente impidieron el acercamiento de los equipos de intervención, que se dedicaron durante las primeras veinticuatro horas al enfriamiento de las esferas cercanas de almacenamiento de gas propano, con el fin de evitar nuevas explosiones.
El
hecho de que el estruendo generado por el siniestro se llegara a escuchar en
el propio casco urbano de Puertollano, situado a tres kilómetros de distancia
de la refinería, o que no se hubieran podido controlar las llamas hasta
pasadas las primeras veinticuatro horas, da a entender la gravedad del accidente.
Una gigantesca columna de humo negro se alzó también sobre las
instalaciones fabriles y fue divisado también por la mayor parte de los
50.000 habitantes de la localidad. A pesar de ello, las autoridades no llegaron
a activar el Plan de Emergencia Exterior porque la contaminación medioambiental
era mínima y porque, según declara a los medios de comunición
el Consejero de Industria y Trabajo de la Comunidad de Castilla-La Mancha, Alberto
Saiz, "no se dieron las condiciones objetivas necesarias para activar el
Plan de Emergencia Exterior". Sin embargo, esta es una afirmación
errónea ya que la legislación española con respecto a esta
materia es bastante clara y "objetiva". Según la Resolución
de 30 de enero de 1994, por la que se aprueba la Directriz
Básica para la elaboración y homologación de los Planes
Especiales del Sector Químico, el Plan de Emergencia Exterior
(PEE) se activará siempre que el accidente sea de categoría 2
ó 3, aunque el nivel de respuesta lo determina el Comité de Dirección
del Plan. En este sentido, el accidente de Puertollano es clara y "objetivamente",
como mínimo, un accidente de nivel 2, ya que, como dice la Resolución,
un accidente de nivel 2 es aquel donde se prevean posibles víctimas y
daños materiales en la instalación. Esto quiere decir que si no
se activó el PEE por parte de las autoridades sería por otras
razones y no por "condiciones objetivas", razones, en cualquier caso,
que contravienen lo establecido en la ley. Hay que aclarar que el día
de los acontecimientos de Puertollano estaba aún en vigor la Resolución
de 30 de enero de 1991. Esta Resolución fue derogada el pasado mes de
octubre por el Real
Decreto 1196/2003, que pasa a sustituirlo, aunque se manifiesta en los
mismos términos en cuanto a la activación del PEE y la catalogación
de los accidentes industriales del sector químico.
Posibles causas
Al margen de los hechos acaecidos en Puertollano, debemos hacer algunas consideraciones generales. El estudio de los accidentes químicos más importantes del planeta demuestra que éstos tienen siempre unos orígenes catalogables y repetitivos:
Aunque aún es pronto para arrojar una hipótesis sobre la verdadera causa del accidente químico de Puertollano, podemos asegurar que se encontrará en alguno de estos tres puntos. Hay que descartar sin lugar a dudas la influencia de las altas temperaturas ambientales, ya que los procesos industriales de la industria petroquímica se realizan a temperaturas muy altas para hacer posible la reacción de los productos. Además, en el diseño de una fábrica de este tipo se tienen en cuenta todos y cada uno de los factores climáticos de la zona en que se va a ubicar, sobredimensionándose posteriormente las medidas constructivas y de seguridad.
Se ha hablado y mucho sobre la circunstancia de que muchos trabajos del interior de la refinería son encargados a empresas subcontratadas y, de hecho, la mayor parte de las víctimas del siniestro trabajaban como personal subcontratado; pero no puede considerarse en ningún caso como un factor determinante ni de éste ni de ningún accidente industrial, porque éticamente no podemos asociar calidad y subcontratación de servicios. Sí hay que considerar siempre la cualificación de los trabajadores, dependan o no directamente de la empresa principal.
Lo último que se ha sabido de fuentes internas de REPSOL YPF es que dos alarmas, cuya misión era detectar los embolsamientos de gases en el interior de las unidades, habían fallado y por ello no se puso en funcionamiento el mecanismo de evacuacion de gases. Pero la investigación prosigue.
Fallos de coordinación
Además del error aún no asumido por las autoridades con respecto a la no activación del PEE, los bomberos de Puertollano, que participaron en el siniestro, denunciaron a las autoridades judiciales por medio de un informe técnico de elaboración propia la falta de medios materiales y humanos en prevención y lucha contra los incendios en las instalaciones de la refinería de REPSOL-YPF. los bomberos acudieron al incendio, según el mismo informe, sin conocer la instalación y sin tener acceso al Plan de Emergencia Interior. Además, de los cuatro camiones cisterna del servicio contraincendios de la refinería, tres se averiaron al poco de empezar a funcionar. También manifestaron desconocer los productos que estaban ardiendo y el contenido del entramado de tuberías que les rodeaban. No obstante, estas acusaciones fueron rechazadas por REPSOL.
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Resultado
de la investigación Según las conclusiones a las que ha llegado la Comisión de Investigación del accidente, compuesta por técnicos de REPSOL-YPF, expertos en seguridad y prevención y representantes sindicales, el accidente se atribuye únicamente a un ERROR HUMANO, ya que los sistemas de detección de gases funcionaron correctamente. Todo tiene su origen en julio de 2003, cuando un corte de suministro eléctrico dejó sin corriente al cubeto en el que se produjo la explosión; desde entonces, a pesar de la recuperación de la energía y la vuelta a su funcionamiento, la unidad no se encontraba aún bien equilibrada. De ahí que durante algunos días se produjera la acumulación de gases desprendidos de la unidad (butano y otros hidrocarburos más ligeros) que, en contacto con un punto caliente, provocaron su deflagración. Según el mismo informe elaborado por la comisión, no se atendieron ni adoptaron las decisiones operativas para corregir esta acumulación de gases, aunque los sistemas habilitados para detectar este problema recogieron los parámetros consecuencia de dicha desviación. Por tanto, alguno o varios de los responsables de su control no advirtieron el "aviso" de esos sistemas. REPSOL-YPF se enfrenta ahora a dos sanciones administrativas propuestas por la Inspección de Trabajo, por valor de 601.012 € cada una de ellas, por sendas infracciones a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. No obstante, estas sanciones quedarán provisionalmente en suspenso, ya que la empresa de petróleos debe responder primero ante los tribunales de justicia tras la apertura de un procedimiento penal por el accidente. La misma empresa ya fue condenada a pagar 390.657 € por otro accidente industrial acaecido en la misma factoría de Puertollano el 26 de agosto de 1996, en el que fallecieron 4 trabajadores y otros 4 resultaron heridos. Esta sentencia fue ratificada por el Tribunal Supremo en noviembre de 2003, una vez destinado el recurso presentado en su día por la empresa de petróleos REPSIL. |