Un tren cargado de nitrato amónico explota en Ryongchon (Corea del Norte)
 
Actualización: 18-julio-2004

Eran las 13’00 horas de la tarde, hora local, del día 22 de abril de 2004, cuando dos vagones cargados cada uno con 40 Tm. de nitrato amónico (80 toneladas en total) explotaron mientras maniobraban en una vía muerta de la estación ferroviaria de Ryongchon, localidad coreana situada al norte de la provincia de Pyongyang y a 20 kms de la frontera china. La catástrofe se produjo al entrar éstos en contacto con un tercer vagón cargado de fuel-oil; las chispas procedentes de unos cables eléctricos, de la catenaria o de los sistemas de frenos habrían sido el detonante de la explosión, que abrió un enorme cráter y generó una onda expansiva de 500 mts de diámetro. El tipo de nitrato amónico en cuestión se iba a emplear como dinamita para la construcción de un canal de irrigación.

Balance de daños

Los daños conocidos hasta la fecha como consecuencia del suceso son los siguientes:

El gobierno de la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte), país con un régimen estalinista y prácticamente aislado del mundo tras negarse a abandonar hace años su programa atómico, decretó de inmediato el estado de emergencia en toda la zona afectada e impidió incluso las llamadas telefónicas internacionales para evitar filtraciones informativas hacia el exterior, al tiempo que la televisión sólo emitía música militar. Las informaciones de la tragedia fueron por tanto, al principio, escasas y contradictorias.

Respuesta internacional

A pesar de sus discrepancias políticas con los países vecinos y con otros más lejanos como Estados Unidos, la respuesta internacional ante el desastre vivido por Corea del Norte ha sido muy rápida, recibiendo de inmediato las condolencias de Corea del Sur, China, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Australia. Además, tras el requerimiento oficial del gobierno norcoreano, un equipo de especialistas de varias nacionalidades realizó en un tiempo de 48 horas una evaluación de la situación, con el fin de remitir la ayuda internacional necesaria. Este equipo estuvo formado por miembros de la Oficina del Coordinador de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), UNICEF, Cáritas Internacional, Organización Mundial de la Salud (OMS), FAO y otras agencias. Como resultado de esta movilización se enviaron de urgencia 2.000 cocinas portátiles, 10.000 mantas, 2.000 depósitos de agua, 720.000 tabletas para purificar agua y 1.000 kits de primeros auxilios. El Programa Mundial de Alimentos se hizo cargo del reparto de alimentos de primera necesidad a unos 15.000 damnificados que se quedaron sin hogar. Además, la Oficina del Coordinador para Asuntos Humanitarios aportó 50.000 dólares americanos, la misma cantidad que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), otros 25 .000 la OMS y 5.000 del gobierno chino como ayuda en las tareas de rehabilitación.

Mortandad infantil

Como suele ocurrir, las grandes catástrofes perjudican más a los más desprotegidos. En este caso, además de azotar a un país ya desolado de por sí por una grave penuria económica y un interminable aislamiento político, la calamidad se ha cebado especialmente con los niños. Una escuela de educación primaria que se hallaba ubicada en las proximidades de la explosión, fue completamente asolada, observándose los mayores daños en los dormitorios de esta escuela. Este hecho nos trae al recuerdo un suceso similar acaecido en España, en 1947, cuando estalló un polvorín militar en la ciudad de Cádiz, a escasos metros de un orfanato.